Graziela




EN PRIMAVERA

Quiso volar, pero cada vez que intentaba dar un brinco para elevarse y coger altura,  parecía que sus zapatos estaban pegados a la tierra, a la que se sentía unida.
Siguió intentándolo, siempre con el mismo resultado. 
Estaba lastrada.
Fue saltando barreras, derribando obstáculos y perdiendo peso.
Cuando solo le quedaban sus zapatos, se descalzó, caminó deprisa, con decisión. Abrió los brazos, era ligera como un amento. Dejó de sentir la tierra bajo sus pies, para  notar el frescor de la brisa en el rostro y empezó a elevarse. Flotaba ingrávida y al fin voló como siempre había soñado en este viaje postrero.

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