Graziela
FRENTE AL MAR

Las olas lamían la arena dócilmente con el dulce rumor del agua, mientras, la brisa suave me acariciaba. Llevaba horas en la playa, sentada, con los ojos fijos en el mar. Me sentía incapaz de moverme mientras mi mente se iba relajando en el azul de aquel atardecer único.

Había sido una estupidez dejarme llevar por aquel irrefrenable impulso. Huir, no me conducía a nada, solo podría sembrar temor entre los que aún se preocupaban por mí. Mis problemas no me perseguían, por muy lejos que consiguiera llegar, ellos seguirían estando allí, me acompañaban, iban conmigo.

Por fin, después de mucho tiempo era capaz de pensar con claridad, con una nitidez como nunca lo había hecho. Era sorprendente, casi increíble que yo sola en medio de una playa desierta pudiera al fin darme cuenta del conflicto que mantenía conmigo misma.

No debía seguir así, tal vez esto era lo que necesitaba para comprender que había llegado el momento de sentar la cabeza de una vez. Estaba segura que al principio para mi padre enterarse de mi nueva situación sería un duro golpe, pero también sabía que una vez repuesto del primer impacto, me apoyaría, como siempre hacía.

Nunca se lo había dicho y le había hecho sufrir muchísimo, pero le quería. Creo que por esta vez aceptaría de buen grado su ofrecimiento. Estaba decidida a recuperarme, a someterme al tratamiento de desintoxicación que una y otra vez no se cansaba de proponerme.

Hay clínicas especializadas, médicos, enfermeras y psicólogos dispuesto ayudarte a conseguir que superes esto, es una lacra que va a terminar contigo, tu no puedes hacerlo sola, me repetía machaconamente en cuanto tenía ocasión.

Ahora se que podré afrontar cualquier cosa, quiero cambiar, no sólo por mí, sino por ti, no deseo que sufras daño alguno, bastante tenemos con no saber quien es tu padre, y además, no quiero que pases por lo que yo pase. Te prometo que nunca sabrás lo que es tener una madre alcohólica.

Caminando muy despacio noto como mis pies se hunden en la arena húmeda. El mar parece escucharme, el sol casi se ha ocultado existiendo aún una extraña claridad que lo envuelve todo.

Está subiendo la marea, me vuelvo a contemplar mis huellas, en el mismo instante una ola silenciosa extiende su mano borrando mis pasos. Creo que ha llegado el momento de regresar, tengo que volver a empezar.


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4 Responses
  1. Maravilloso relato que es en si mismo una magnífica metáfora, donde el mar es personaje que materializa esa inminente energía al querer volver a empezar. Me ha gustado mucho, te doy mi enhorabuena. Saludos!


  2. ARVIKIS Says:

    Los conflictos con nosotros mismos, es siempre un volver a empezar. Pero esto ya lo sabes tu.
    Javier


  3. Nines Says:

    Precioso, me ha encantado. Besos.


  4. Anónimo Says:

    Frente al mar.

    ¡Qué bonito¡

    Besos

    Julia