Graziela

EL FINAL

- Es terrible, desolador... pero esto se veía venir. La destrucción continuada de nuestro medio ambiente, el invento del cambio climático para justificar tanta barbarie anti-ecológica, los conflictos armados que se extendían cada vez a más territorios y la crisis, la dichosa crisis de los últimos años. Esto creo que fue el gran desencadenante de todo, el sunami que desbordó el océano.

- Estoy totalmente de acuerdo con usted.

-Cuando todo está tan mal parece necesario que se produzca un cambio radical, una ruptura que termine con lo establecido y en estos casos las guerras son lo único que hace avanzar el mundo. Vivíamos en una gran mentira, el pueblo no se enteraba de nada, los que estábamos en los gobiernos nos encargábamos de maquillar, enmascarar y ocultar al precio que fuera la verdad. Esa verdad en la que sólo primaban los intereses económicos y el poder, daba igual el precio de vidas humanas que pudiera implicar. Las personas no tenían valor, la población era una masa demasiado grande, amorfa y burda. Nosotros no podíamos considerarnos responsables de ella. Teníamos una misión, un deber que cumplir y las pérdidas humanas estaban asumidas de antemano.

No pudimos calcular que los otros precipitaran el final y que casi toda la humanidad sucumbiera bajo aquel invento que en las manos inadecuadas podía suponer un exterminio casi total de los hombre.

La gran amenaza salió de oriente y salpicó todo el planeta. Suerte que nosotros ya sabíamos que existía vida en otros planetas y que llegado el momento los extraterrestes impedirían que desapareciera la raza humana. Llevábamos años manteniendo contactos con ellos. Una civilización mucho más avanzada que la nuestra que nos advirtió de que la hecatombe planeaba ya sobre nuestras cabezas. No eran esos hombrecillos verdes de figura estilizada y sin pelo que aparecían en las películas. Adquirían una imagen similar a la nuestra y se encontraban entre nosotros. Lo sabíamos hacía tiempo, pero no se podía hacer público. La gente asustada no se puede controlar y siempre han existido muchos visionarios dispuestos a jurar y perjurar que habían participado en encuentros extraterrestres, que un general del mundo interestelar nos visitaría en una fecha concreta para aleccionarnos y ayudarnos, creando grandes expectativas. No podíamos tolerar que conocieran el verdadero alcance de las incursiones.

Empezaron los atentados contra Estados Unidos, luego se fueron extendiendo por Europa, América Central y del Sur. Asía y África cruzaban ofensivas hasta que todo se les fue de las manos y nos vimos inmersos en un apocalipsis. Solo los más próximos al poder, los ricos y dirigentes de los gobiernos pudimos salvarnos, los únicos que teníamos medios para conseguir evadir un ataque nuclear masivo. Aunque ahora tengamos que permanecer aquí encerrados, viviendo bajo tierra como alimañas hasta que la amenaza desaparezca o vengan a rescatarnos de otro mundo.

­- Señor X, acompañeme, es hora de acostarse.

­ -¿Dónde me lleva? ¿Quién es usted?

­ -Soy Jon, su enfermero. Ahora le daré una pastilla y podrá dormir tranquilo todo la noche, como todos los días. Mañana es jueves, día de visita y vendrá su hija a verle. ¿No querrá estar cansado para recibirla?

­ -No quiero que me drogue, tengo que estar alerta por si vienen a buscarme.

­ -Tranquilícese o tendré que ponerle las correas. Nadie vendrá a rescatarle esta noche y mañana podrá volver a imaginar el fin del mundo.


(Publicado en la Revista Literaria Papirando)

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4 Responses
  1. Anónimo Says:

    Ufffffffff, me tienes en vilo...


  2. Engimático. Muy bueno, Graziela. Saludos.


  3. Nines Says:

    Menudo relato, me dejas impresionada, como se puede escribir todo esto en tan poco espacio. El final muy bueno.


  4. Tal vez no estemos tan lejos de esta Ciencia Ficción.
    Que se lo digan a Orwell. Muy buen relato, me ha gustado mucho.
    javier