Graziela

 


TARDE DE LLUVIA

             El aguacero le sorprendió al salir del metro. Tenía un largo trecho hasta llegar a casa. Necesitaba resguardarse en algún sitio hasta que amainara si no quería empaparse y que el agua arruinara sus zapatos nuevos. Corrió hacia un portal y ella llegó al mismo tiempo. Tenía el pelo chorreando, pegado al rostro y las pestañas como si acaba de salir de la ducha.

            Se miraron y sonrieron. Cada vez parecía llover más fuerte. Hablaron del tiempo, de las lluvias constantes. Las luces se empezaron a reflejar en los charcos. Él se ofreció a invitarla a un café en el bar de enfrente para entrar en calor. Ella aceptó.

            Charlaron un rato apoyados en la barra. Cesó la lluvia. Él pagó y salieron.

            Ni siquiera se habían dicho su nombre, no intercambiaron sus teléfonos. Tras despedirse, cada uno siguió su camino seguros de que la lluvia volvería a juntarlos.

 

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