Graziela

 


COMPAÑERAS Y AMIGAS

Alexandra y yo nos conocimos el primer año de instituto. Nunca he tenido una amiga igual, éramos adolescentes y compartirlo todo nos hizo inseparables.

En realidad no sé qué nos pasó. Nos distanciamos cuando yo empecé a salir con Raúl. Después elegimos carreras diferentes, nuestros caminos se separaron y dejamos de vernos.

Por eso me sorprendió tanto recibir su llamada, no sé cómo me localizó. Su voz sonaba distinta a como la recordaba. Me proponía un encuentro.

Yo accedí inmediatamente, había pensado en Alex muchas veces durante estos años, preguntándome que habría sido de su vida, era una persona muy especial, comprensiva y empática, aprendí mucho con ella.

Quedamos en la cafetería a la que solíamos ir al salir de clase. Me pareció más cutre de lo que recordaba. Eché un vistazo rápido por la barra y las mesas, pensé que había sido la primera en llegar.

Desde el fondo alguien levanto el brazo y yo miré hacia atrás, por si saludaban a otra persona. Al acercarme reconocí su forma de vestir: vaqueros y camisa azul, aquella inconfundible sonrisa y la mirada profunda, acariciadora, aunque ya no era la chica que recordaba sino un hombre bastante atractivo.

-             No pongas esa cara de sorpresa, supongo que ahora entenderás algunas cosas.  Siéntate, que tenemos mucho que contarnos. ¡Estás guapísima!