Graziela

UNA COPA
Descorchó la botella y se sirvió la primera copa de frustración, luego llegó la del abatimiento, con la que además se sintió incomprendido. Le siguieron las de la rabia, el fracaso y la culpa, tras la que supo que no valía la pena maltratarse más, pero aún así siguió bebiendo, y notando como la ansiedad y la sensación de asco se iban apaciguando con cada sorbo, pensaba más despacio y todo era confuso. Apuró el final de la botella de vino y se bebió de un trago la escasa autoestima que le quedaba, con una gran dosis de auto-compasión, al fin y a la postre dormiría todo la noche de un tirón, y aunque mañana se sintiera como un trapo, y se prometiera no volver a probarlo, en la soledad de la noche descorcharía una nueva botella y volvería a empezar la letanía con una primera copa.
Graziela

MAÑANA DE LLUVIA
Era una mañana plomiza en la ciudad, el agua caía dócil, sin malicia, barnizando todo con un brillo especial, avivando los colores. En la entrada de aquel local cerrado había una mujer cuya edad no supe calcular, estaba sentada sobre un montón de cajas de cartón, tapada con una manta y en sus manos cubiertas con unos sucios mitones, que antaño debieron ser guantes, sujetaba, con mucho cuidado, casi con mimo, un libro. Sonreía, parecía feliz con la lectura, ajena al mundo que la rodeaba. Comprendí entonces más que nunca que los libros te permiten vivir muchas historias, y sobre todo, como en este caso, te ayudan a vivir otra realidad. Sentí curiosidad por saber el título de aquel ejemplar que parecía tan interesante, pero preferí no acercarme, y guardarme aquella imagen. Muchas veces la recuerdo y pienso que detrás de cada persona se esconde un mundo.