Graziela



CAMBIAR DE CALLE

             Acostumbrada a vivir siempre en la Cuesta de las descargas, sin conseguir descargarme en absoluto, cuando me casé como nos fuimos a la calle Serena, pensé que mejoraría, aunque no tarde en darme cuenta de que mis ilusiones eran infundadas.
            Serena lo que se dice serena nunca estuve en la nueva casa, pues  inesperadamente me quedé sin trabajo y temblaba al pensar que cada mes llegaba el cargo de la hipoteca. Mi marido decía que mientras encontraba algo era cuestión de ajustarnos el cinturón. Él lo veía todo muy fácil, no quería ver los problemas, y yo me sentía sola; decía que me estaba convirtiendo en una amargada. Y es que nada era como había imaginado, ni siquiera sabía si le amaba ya.
            Me levantaba temprano para escudriñar las ofertas de empleo; apuntada en todos los portales de trabajo, pasaba horas pegada al ordenador, intentado encontrar un puesto de lo que fuera.
            En una de esas búsquedas saltó un anuncio de publicidad. No sé porque me llamó la atención. Estaba desesperada, a punto de pedir ayuda a mi hermana para terminar el mes. El caso es que aquella mujer con pinta de travesti, manos enorme con uñas que parecían cucharillas de café, y una voz profunda e hipnótica me incitaba a llamarla. Me dejé llevar y marqué su número.
            Me preguntó cuál era mi problema y me sinceré con ella más que conmigo misma. Nerviosa, la escuchaba respirar profundamente al otro lado de la línea.
            – Todo se te va a solucionar en los próximos días –dijo– Tienes que estar  atenta a las señales. A partir de ahora las cosas van a irte muy bien.
            – ¿Encontraré el trabajo que busco? –pregunté intrigada, escuchando como barajaba las cartas.
            – Se presentará una gran oportunidad. Lo del trabajo no parece lo más importante, aunque puede ser el principio de un gran cambio. Querida capricornio, hazme caso, abre bien los ojos y observa las señales, ellas te guiaran. Ahora tengo que dejarte, me espera otra llamada. Puedes llamarme cuando quieras y te diré más.
            Me quede unos instantes con el teléfono pitándome en la oreja, sin reaccionar. ¡Yo me había vuelto loca! Consultar a una vidente… no se lo podía contar a nadie. En mi situación era indecente gastar dinero en bobadas. Pero, ¿Y si Cristhian Clarise tenía razón?
            No veía ninguna señal mientras recorría los pasillos del supermercado, ni cuando cocinaba. Sin embargo me llamó mi amiga Esperanza para decirme que se había enterado de una oferta de empleo que parecía hecha a mi medida. Esperanza y empleo, esto si es una señal. Tomé nota del contacto y llamé inmediatamente.
            La pre-selección estaba a punto de terminar, me explicaron. Insistí tanto que me dieron cita para la entrevista. Estaban en la calle Porvenir. demasiadas casualidades.
           Fortunato Bienvenida era el señor al que tenía que ver, nombre más propio de un torero que del departamento de recursos humanos de una multinacional. Mientras esperaba en el semáforo para cruzar se detuvo un autobús delante de mi con un anuncio que decía “hoy por fin cambiará tú suerte·, ¿me estaría obsesionando con el tema de las señales que ahora las veía en todos sitios? No lo entendía, el caso es que cada vez estaba más animada, casi contenta.
            El hombre que me atendió no tenía pinta de matador de toros, y es que se llamaba Justo Buendía, y sustituía a su compañero. Me sentía segura y confiada, así que salí satisfecha de la entrevista. Me avisarían y  en caso de seleccionarme tendría que superar un par de pruebas más.
            Al marcharme coincidí en el ascensor con un hombre que me resultaba muy conocido.
            - Perdona, ¿tú eres Mirian?
            Al escuchar su voz mi memoria le ubicó inmediatamente. ¡Como había mejorado! Me quede anonadada. Ya no era el  tío granoso timorato; el pijo empollón que siempre se sentaba en primera fila.
            - Sí. Hicimos juntos la carrera. Tu padre tenía un estudio muy importante de arquitectura, y nos dio una conferencia, me acuerdo perfectamente…
            - ¡Que memoria la tuya..! Es verdad, aunque yo tengo mi propio estudio. Me va muy bien. ¿Y tú? Una de las chicas más inteligentes de la clase, siempre becada, seguro que eres una mujer de éxito.
            - ¡Qué más quisiera…! Nunca tuve mucha suerte a la  hora de encontrar trabajo, además, perdí el empleo con la crisis y ando desesperada buscando algo. De hecho, salgo de una entrevista.
            - ¡No me digas? Entonces este encuentro ha sido providencial.
            Yo sonreí. Borja Aristide, seguía como siempre.
            -  ¿Puedo invitarte a comer? -Mi cara de sorpresa le incitó a explicarse, nunca llegamos a ser amigos- Estoy buscando alguien como tú; con disposición  para viajar. Tenemos encargos y obras en Dubai  y Sarja. Si te interesa, estoy seguro que podemos llegar a un buen acuerdo.
            - Pues sí. Podría interesarme, respondí mientras pensaba que lo mismo había llegado el momento de cambiar de calle y tirar por la de en medio.
           



Graziela




DONDE SIEMPRE
 Ya sé que no te gusta que te llame al móvil. Lo siento, pero llevo muchos días sin noticias tuyas. Contacte con tu consulta y me dijeron que estabas en un congreso hasta hoy.
Gonzalo: ¡no puedo más! Estoy cansada de mirar todo el tiempo los mensajes para saber si me has llamado, de esperar a que me hagas  un hueco en tu agenda o me dediques un fin de semana.
Ahora sé que nunca cumplirás tu promesa: primero había que esperar a que las niñas fueran más mayores; luego necesitabas tiempo para arreglar el tema económico y que ella no se quedara con todo; y ahora habrá que dejar pasar la boda de tu hija.
¡Ya ni siquiera me llevas a los congresos...! No estoy dispuesta a seguir viviendo así; sufriendo, y marchitándome mientras te espero.
Al escuchar la voz de Gonzalo al otro lado de la línea se sobresaltó, no tuvo tiempo de decir nada.
     -       Hola cariño. Tengo tantas ganas de verte, de estar contigo… ¿Te recojo a las nueve donde siempre? –dijo él a modo de saludo.

     -       No sé... –dudó unos segundos- Bueno, mejor a las nueve y media, para que me de tiempo a arreglarme.
Graziela


 Durante toda la semana anunciaban lluvia para el viernes, aunque esto no nos amedrentó; animadas y bien preparadas para la excursión nos dimos cita temprano. Salimos de Madrid bajo un cielo plomizo y amenazante.  Al acceder a la carretera de la Coruña nos encontramos con el inevitable atasco, pero se disolvió como por ensalmo. 
En el trayecto, uno de los guías que nos acompañaban, nos fue contando cosas sobre la ruta que íbamos a realizar y así, contemplando el paisaje, con risas y charlas llegamos al pueblo de Navacerrada, para hacer una parada y tomar café.
Al salir del bar un fuerte aguacero nos acompañó hasta al autocar y durante el resto del viaje hasta llegar al lugar donde comenzaría nuestra ruta no dejó de llover. Las nubes nos impidieron ver los picos de la sierra, aunque si pudimos ver neveros desde la carretera, entre curva y curva de las siete revueltas.
El Parque de la Sierra del Guadarrama, del que forma parte nuestro recorrido, fue declarado Parque Nacional en el año 2013. Tiene una gran riqueza ecológica, así como un patrimonio cultural, educativo y científico, generado en los territorios que integran este parque.

Cuenta con una cultura propia por adaptación al entorno, gracias a pastores, hacheros, carboneros, neveros, gente de la sierra y gabarros. Como no sabía que eran los gabarros y soy muy curiosa, lo he buscado y aunque me ha costado encontrar una definición que encaja, al final lo he conseguido y creo que este es un buen lugar y momento para rendir homenaje a las personas que han ejercido tan duro oficio, así que al final de esta entrada pondré la información para que podáis leerla el que quiera saber más (*), de momento os dejo con la duda.

Nuestro comino transcurría en paralelo a la orilla izquierda del río Eresma, afluente del Duero, que nace en el valle de la Sierra de Guadarrama, de la confluencia de varios arroyos que bajan de Peñalara, Siete Picos y otros.

Por la vertiente norte o segoviana de la Sierra de Guadarrama, los montes de Valsaín, que pertenecen al termino municipal del Real Sitio de San Ildefonso, marchamos por el Camino de las Pesquerías; con cuidado, pues, sobre todo al principio, había tramos de sinuoso trazado entre pinos, desniveles y muchas raíces desnudas, que con la humedad nos obligaba a caminar poniendo atención y cuidado para evitar resbalones. 

Fue el rey Carlos III quien mandó construir estas pesquerías, dada su afición a la pesca de la trucha, para disfrutar de este entorno y practicar uno de sus deportes favoritos. Con grandes losas de piedra se creó un paseo en la orilla izquierda del río que no solo permitía caminar paralelo al río y pescar, sino que además, así se canalizaba una orilla, consiguiendo que el agua pudiera mantener buen caudal; también remansan las aguas en algunas zonas del cauce, levantando plataformas y calzadas. Todo esto debió suponer un gran trabajo para los encargados de ejecutar tan ambiciosa obra, ya que antes no tenían medios que les ayudara, ni les facilitaran la labor. 
Incluso se crearon zonas, como la que hay remontando el curso del arroyo del Telégrafo, donde están los Baños de Venus, que recuerda a los jardines ingleses de la época, todo un lujo.  
En esta foto se puede ver perfectamente el camino de piedra, recubierto de musgo.
El pino silvestre, con características propias que aquí se conoce como pino de Valsaín, tiene el tronco muy recto, y piñas muy pequeñas, pues lo que quiere es crecer y crecer y en su afán por llegar bien alto, esta dispuesto a sacrificar sus ramas más bajas, permitiendo que se vayan quebrando por el escaso flujo de savia, disponiendo así de más fuerza para su crecimiento. Resulta curioso ver su tronco, pues pierde la corteza, cubriéndose de una especie de escama de color asalmonado que le confiere un aspecto diferente a otros pinos, como podéis ver en la foto. 

Además de tener troncos rectos  y poco nudosos, son árboles de crecimiento rápido, lo que les hace más atractivos para la industria maderera, teniendo mucha importancia en esta región. Se realizar talas controladas, como pudimos comprobar al ver a unos operarios realizando trabajos, para su aprovechamiento, que hacen que estos bosques se renueven constantemente y se mantengan en excelente estado de conservación. 
Al tener las copas muy altas, permite pasar la luz hasta el suelo, lo que fomenta el crecimiento de matorrales, como la retama, enebros y acebos, que parece que antes abundaban más en la zona. 
También hay explotación ganadera en esta zona y pudimos ver a las vacas paciendo bajo la lluvia ajenas  a nuestra presencia.
Ahora ya las truchas no abundan tanto en este río, como en épocas anteriores, aunque dicen que sigue habiendo no pudimos ver ninguna, claro que tampoco nos detuvimos el tiempo suficiente para observar las aguas. Nos explicó Manolo, uno de los guías que nos acompañó, que es un pez que gusta de aguas muy limpias, frescas y en movimiento constante, con un buen caudal. Este año ha sido bueno en lluvias y nieve y con el deshielo el río baja caudaloso, pero no siempre es así y además sus aguas no son tan puras como antaño.
Cristalinas si que estaban, y durante todo el recorrido disfrutamos del agradable sonido que produce al pasar y los pequeños saltos, y también de la belleza del paisaje que conforma; la transparencia de sus aguas nos permitió ver las piedras del fondo de sus orillas, donde no es muy profundo y unas curiosas algas de un verde intensísimo, que me llamaron mucho la atención. 
Pese a toda los vaticinios de mal tiempo, solo nos había llovido a ratos y de forma suave. 
Poco a poco llegamos a un área donde se centran los trabajos madereros, organizan los troncos para el transporte, etc. También hay servicios, zona de columpios e información a senderistas y visitantes, donde paramos para hacer un ligero reseso y reponer fuerzas, aunque no habíamos hecho mucho esfuerzo pues el camino era cómodo y casi fue un paseo, escuchando el cantar del río y algunos trinos. 

Pero antes de dispersarnos, una foto de grupo. 
Después de subir unas escaleras nos encontramos frente a unas grandes rocas, la Boca del Asno. No se si la humedad me había nublado la imaginación, pero por mucho que observé desde distintos ángulos no conseguí imaginar una quijada de burro en aquella formación rocosa, aunque hice la foto por si alguna está más espabilada que yo o desde casa conseguía vislumbrar algo que se le pareciera. A veces no se sabe si se está mirando en el punto concreto o la dirección adecuada.
Aunque si me fijé en las flores, ombligos de Venus y el precioso paisaje, que no exigía ningún esfuerzo imaginativo, solo abrir bien los ojos y recrearse.




 Seguimos con la marcha, a buen paso, pues el terreno era cómodo y se ensanchó el camino. 

 Y hasta atravesamos un puente por debajo, por uno de sus ojos laterales pequeños, que nos dio idea del caudal que llevaba el Eresma en otros tiempos, hoy totalmente seco.
Al otro lado, caminamos un rato más y aprovechamos que el cielo nos dio un respiro y hasta salió el sol,  para detenernos, sentarnos y comer, justo antes de pasar el último puente antes de llegar al pueblo de Valsaín.


 Apunté el nombre del puente, que tiene una parte de madera y más recuerda un acueducto, que al parecer ha sido reconstruido, pero entonces comenzó a llover fuerte, apretamos el paso y no sé en que punto se me cayó la libreta de  notas en la que iba apuntado todas las excursiones que hemos ido realizando a lo largo de los años organizadas por Josefina, nuestra profesora de gimnasia, así que no recuerdo el nombre.  
Como el tiempo había decidido no concedernos más treguas, en vez de llegar a la Granja de San Ildefonso caminando bajo la abundante lluvia, aunque solo nos restaba kilómetro y medio de recorrido, hicimos este tramo por carretera y en autocar, bien calentitas.  
vista del pueblo bajo la lluvia
En La Granja tuvimos un ratito para dar un paseo, así que nos hicimos la foto final antes de que se formaran distintos grupos. 
Algunas compañeras (Carmen, Sagrario, Raquel, Carmen, y un par de chicas de otro grupo) aprovechamos para tomar un café, que vino acompañado de unos ricos bollitos de crema y chocolate en el parador, que no todo iba a ser campo...
A la vuelta, lluvia y más lluvia al principio, alternando con sol después. Metidas de lleno en el atasco de regreso, que nos demoraría más de una hora la llegada, y se hizo más llevadero gracias a la música que nuestra profe llevó. Fuimos escuchando, cantando y algunas incluso practicaron las coreografías de clase desde su asiento. Y es que cualquier momento es bueno para pasarlo bien, sobre todo si se está bien acompañado, y en estas excursiones el compañerismo y buen humor siempre están garantizados. 
Gracias a todas por un día estupendo.


(*) "Aunque la palabra “gabarrero” se considera autóctona de la Sierra de Guadarrama, lo cierto es que el término  “gabarra”  se refiere a una embarcación pequeña y chata utilizada para la carga y descarga en los puertos.  Haciendo un ejercicio de imaginación, la gabarra se transforma en el centro de la Península en un equino o en un carro tirado por bueyes. Es así como le encontramos más sentido al origen de la palabra que define a este oficio.
Hoy en día esta profesión ya sólo figura como reivindicación en las fiestas de algunos pueblos de la Sierra de Guadarrama, especialmente en la vertiente segoviana, y con mayor renombre en la localidad de El Espinar.
También conocidos como jornaleros del monte, el gabarrero se encargaba de limpiar el bosque de ramas secas, árboles caídos, troncos muertos, etc. Se trataba de un trabajo muy duro que permitía el aprovechamiento de la madera para usarla como leña, a cambio de muy poco dinero.  Transportaban la madera con ayuda de burros, mulas, caballos o incluso carros tirados por bueyes.
En algunos sitios, los gabarreros sólo transportaban la leña que cortaban los hacheros; en otros, acudían a primeras horas de la mañana al monte en compañía de su equino y después de varias horas de difícil trayecto, abordando la peligrosa orografía de la montaña, iban cortando y recogiendo la madera muerta".  
Graziela




LEYENDAS

   Nací con espíritu aventurero y ambición viajera. Sé que éste no era el destino que mi padre había elegido para mis hermanos y para mí, aunque no me importó.
  Permanecer días sobre una mesilla, esperando que algún desconocido me cogiera, me ponía frenético.
   Una mujer madura fue la primera. Cada noche volvía cansada, se tumbaba en la cama, y yo la observaba, miraba sus dedos, anhelaba sentir su tacto, su calor. No pensé en las consecuencias, me lance al suelo a su paso. Ella me recogió, acarició mi lomo y empezó a leer. Yo estaba tan contento que podría haber gritado mucho más de lo que decían mis palabras. Aquel idilio duró tres días. Lo más cruel es que al terminar de leer doblaba la esquina de la hoja en la que se había quedado, lo que me producía una desagradable sensación y me dejaba para siempre marcado. Al verla guardar todas sus cosas se me encogió el pequeño corazón de papel y tinta. Este fue el principio de mi nueva vida. Hasta me hizo ilusión encontrarme en su bolso, aprisionado entre un sinfín de cosas que no acertaba a identifica. Así abandoné el único lugar en que permanecí durante mi corta vida, exceptuando la caja en la que me trajeron con mis hermanos.
   Estaba un poco asustado al escuchar tanto ruido a mí alrededor.
  Mi salvadora me sacó del bolso, acercándome a la ventanilla para tener mejor luz. Un universo diferente pasaba ante mis hojas a toda velocidad: edificios, coches, árboles, carreteras, montes... Estaba encantado, ¡por fin encontraba mi camino!
   El tren se detuvo, la mujer me depositó en el asiento para recoger sus pertenencias. ¡No podía creerlo! Me dejó allí, solo. La gente pasaba de largo, de nada me serviría tirarme al suelo, así que ni siquiera hice el esfuerzo. Cuando estaba punto de perder toda esperanza, una mano fuerte me sopesó, aireó el papel de mis páginas y me introdujo en su gran mochila.
  Camina durante horas conmigo a cuestas, a veces charla con alguien, es divertido aunque yo no consiga ver nada; cuando se detiene me saca un rato. Lee rápido mientras come, los peregrinos nos saludan, después seguimos viaje hasta que cae la noche.                Compartimos habitación con otra gente.
  Ya me está terminando. Estoy satisfecho, soy feliz porque me ha ofrecido a un señor. Sé que la aventura va a continuar.
Graziela


ENTRE MÁS DE DOS

No sé por qué mi nuera, Casilda, está tan tristona últimamente. Creo que la pobre sigue intentado quedarse embarazada sin conseguirlo. No me dicen nada, pero no soy tonta. ¿Será por culpa de Guillermo? No creo. Va pasando el tiempo y ella cada vez es más mayor, así que lo tiene más difícil. ¡Si ya lo pensé yo cuando la conocí! Es una chica sin carne, sin formas de mujer; de dónde va a sacar para alimentar a un crío. Entiendo su frustración, con lo mucho que le gustan los niños… Guillermo viaja mucho, y la muchacha se tiene que aburrir estando sola.
Es tozuda, le cuesta sincerarse, pero claro, es que además soy la suegra, pero si tiene un problema podía contármelo, digo yo... Lo mismo puedo ayudarla. Conozco mucha gente, puedo recomendarle un médico, y hasta un buen psicólogo.

Un buen psicólogo, lo mismo es eso lo me haría falta. Sé que mi suegra está preocupada por mí, no se chupa el dedo y me tiene cariño. Yo era una chica alegré, divertida y de un tiempo a esta parte me cuesta hasta sonreír. Seguro que lo ha notado, se empeña en cebarme y es que he perdido hasta el apetito. ¿Cómo voy a contarle mis preocupaciones? No puedo compartir con ella mis dudas. No se que hacer, paso horas mirando al cielo, sin ver solución. Si al menos tuviéramos un bebé… pero sin mantener relaciones resulta imposible. Tengo mis sospechas, pienso que Guillermo tiene otra desde hace un tiempo, aunque lo niegue sistemáticamente. Ya no me quiere, no está enamorado de mí, y he dejado de gustarle. 
Tarde o temprano las dos nos enteraremos. No podemos seguir así mucho tiempo más.

No podemos seguir así mucho tiempo más. Casilda sufre y yo la quiero, aunque no como a ella le gustaría. Mi madre es muy observadora y seguro que se ha dado cuenta de la tristeza de mi mujer, aunque no sea por lo que ella piensa, ¿o sí? A mí también me gustaría tener un hijo, aunque soy incapaz de mantener relaciones íntimas con ella desde que conocí a Daniel. Sería como traicionarle.
Tengo que hablar con Casilda. Es una mujer comprensiva, y además sigue enamorada de mí. Lo mismo pueden hacerle una inseminación artificial y los dos conseguiríamos lo que queremos. Una vida cómoda, tranquila y un niño. Ante de comentárselo le preguntare a mi madre si sabe de alguna clínica. Puede ser la solución, me hace tanta ilusión...

Me hace tanta ilusión saber que seré el padrino del niño. Casilda es una mujer increíble. Tenemos muchas cosas en común, tal vez por eso nos hemos hecho íntimos. A veces creo que Guillermo tiene celos de nosotros, no nos entiende. Nunca pensé que las cosas sucedieran así, estoy viviendo uno de los mejores momentos de mi vida.
En la comida del domingo, cuando surgió el tema del nombre del bebé se produjo un momento incómodo. La madre de Guillermo propuso que al ser yo el padrino, podían ponerle Daniel. Los tres nos quedamos callados, hasta que la risa chisposa de Casilda neutralizó la tensión y dijo que le parecía una idea estupenda, dando el tema por zanjado.
Graziela
                                                      Resultado de imagen de bolsito gris
EL BOLSITO GRIS
  
        Roxan, te he llamado porque tengo un trabajo para ti. Sé que además de una cara guapa y bailar como para levantar a un moribundo, eres lista y ambiciosa.
        De qué se trata.
        Tienes que llevar una cosa a “El Abuelo”. ¿Sabes quién es?
        He oído hablar de él. Dicen que es muy peligroso.
        Sí, aunque no para ti. Será un encargo fácil. Mañana te daré mil euros y un sobre. Recibirás otros dos mil cuando hagas la entrega. No atravieses el barrio chino y viste discretamente, deberás llevar este bolsito gris. Hay muchos interesados en interceptar este envío, y  no quiero mandar a nadie con quien me puedan relacionar.
Roxan aceptó de inmediato, y recogió el encargo como acordaron. Quería acabar cuanto antes,
ignoró la advertencia y atajó por el barrio chino. No supo de dónde salió aquella mujerona que se
interpuso en su camino y la amenazó con una navaja para que le entregara el sobre. La chica, era
buena karateca y le propinó un yoco-gari, desarmándola, que remató con un oi-zuki, y la dejó
tambaleándose. Aquello que parecía un encargo sencillo se iba complicando por momentos. ¿Cómo
habrían descubierto que era ella la encargada de hacer la entrega? ¿El Buitre tendría un topo en su
organización?
Ya había perdido bastante tiempo, y salió de barrio chino.
No tuvo ningún problema para encontrar el local del Abuelo dando el largo rodeo. En cuanto llegó
la hicieron pasar a una sala enorme, ostentosamente decorada; una mezcolanza de estilos con
muebles antiguos y objetos valiosos combinados sin ningún sentido estético. Tumbado en un sofá
había un hombre.
    Así que tú eres Roxan... Un nombre muy bonito para una mujer esplendida –dijo recorriéndola con la mirada.
Ella sonrió, sorprendida por la apariencia aún joven del capo.
     Anda guapa, dame el sobre y márchate.
     Antes tendrá que pagarme.
El supuesto Abuelo esbozó una media sonrisa. Se abrió una puerta entrando la mujerona del
callejón y Roxan apenas tuvo tiempo de reaccionar. Los hombres que estaban detrás de ella la
inmovilizaron quitándole el sobre. La condujeron a un sótano a empujones, donde la ataron y
amordazaron. Allí había un hombre mayor, tirado en el suelo, al que habían propinado una paliza.
Cerraron la puerta.
-      Tú debes ser Roxan, la mujer enviada por el Buitre para hacerme llegar el pendriver.
Se escucharon muchos ruidos, estruendo de cristales rotos, carreras y finalmente un intercambio
de disparos. La chica estaba muy asustada, y dudaba si saldría con vida de ese agujero.
-       Tranquila, mis hombres no me abandonaran. Saldremos de aquí.
En ese momento alguien reventó la puerta y los liberó. Ayudaron a incorporarse al verdadero
Abuelo, que pareció repuesto de pronto. Les dijeron que habían intentado recuperar el sobre, pero
estaba quemado, sus adversarios lo habían destruido junto con su contenido. Ya no tenía las
pruebas con que hundirlos para siempre. El anciano soltó una maldición y la chica sonrió.
      No se preocupe. Soy una mujer precavida y saqué una copia de la información. Será suya en cuanto me entregue tres mil euros. Necesito mi bolsito gris.
      ¡Tenía razón el Buitre, eres una chica lista y ambiciosa! Llegarás muy lejos…


Graziela

LA SIESTA

Francisco siempre había sido un visionario. Llevaba años imaginando inventos y negocios de los que suben como globos de gas. Dejó su trabajo de químico en un laboratorio para poder dedicarse a desarrollar la fórmula de un analgésico innovador, cuya patente le haría aparecer en los libros de ciencia; después nació su primer hijo y su mujer le obligó a volver a la realidad. Se colocó en una conocida marca de cosmética, donde se le ocurrió que podría inventar un crece-pelo que revolucionaria el mercado y abandonó el empleo, porque en el horario laboral no podía concentrarse y desarrollar su idea. Justo cuando su mujer, Marina, estaba embarazada de nuevo y tras una larga sucesión de fracasos, se colocó en un despacho de quinielas a tiempo parcial.
Esta vez es diferente, Marina, tienes que creerme  —argumentaba entusiasmado.
Sí, Paco, igual que todas las anteriores, que acabaron como los dos sabemos.
Te digo que ahora tengo un filón, una idea genial, no hay nada parecido. No tiene nada que ver con lo de antes.
Mira cariño, ya somos mayores para aventuras. Y estoy tan cansada de oírte siempre con lo mismo.
  —Todo lo que he hecho ha sido para ofreceros un porvenir mejor, a ti y a los chicos. Además, no quiero que trabajes tanto, ni que sigas haciendo guardias.
Pues gracias a mi trabajo podemos comer, que si por ti fuera… Tú solito has arruinado a la familia en más de una ocasión; menos mal que la casa me la regaló mi familia, si no estaría hipotecada, como el resto. ¿Dónde está el apartamento de la playa? Te recuerdo que se escapó tras aquel negocio inmobiliario que era “un pelotazo”. ¡Estoy harta de tus ideas peregrinas!
No siempre me van a salir mal las cosas. Si tú me ayudaras a buscar un socio capitalista… Solo necesitamos un local bueno y céntrico. Si todo sale como tengo previsto, creamos una franquicia.
Déjalo y no insistas, no sea que al final me convenzas. Y ni se te ocurra pedir ni un céntimo a la familia.
Viendo que con su mujer no podía contar, se centró en un par de amigos que aún le quedaban, y a Manolo, el que tenía el bar cerca de la Plaza Mayor, le pareció una idea original, divertida y como se iba a jubilar, antes de traspasar o vender el bar le ofreció el local durante un año, aunque no pondría un euro, e irían a medias en el negocio.
Francisco lo llevaba al margen de su mujer. Empezaron las obras y le pidió ayuda a sus hijos, a Fran para que le asesorase, a Susana para decorar las salas y la parte promocional. Los chicos estaban entusiasmados con el plan, en el fondo la sangre de su padre recorría su cuerpo y por lo visto habían heredado algo más que los ojos de su progenitor.
Pusieron publicidad en muchos hoteles de Madrid, consiguiendo que su local apareciera en folletos de turismo, como un aliciente más de la ciudad, algo que cualquier visitante no podía dejar de probar, si realmente quería conocer las costumbres españolas.
El día de la inauguración Marina no podía creer lo que habían conseguido. Allí estaban Fran y Susana, orgullosos al lado de su padre, y amigos y familiares.
“LA SIESTA” (DREAM SHORT OR NAP) decía el rótulo del negocio, y unas breves frases resumían qué servicios ofrecían junto con los precios para 20, 30 y 45 minutos. En la pared del fondo tres frases se repetían en seis idiomas: “Un alto en la jornada;  sueñen con nosotros, solo en España”.  Y fueron recorriendo las cabinas:
 La primera era “Siesta en el campo”: una mecedora  y almohadones sobre un suelo de césped, que por el efecto de las luces parecían estar bajo la sombra de un árbol; sobre las paredes, la vista de una pradera y frondosos frutales; se escuchaba el trino de los pájaros y olía a verde y el aire era fresco.
 En la siguiente, denominada “Al calor del hogar”: una chimenea encendida, el confortable sillón de orejas, una mantita y un velador con un libro, junto al aparato de radio antiguo y una taza. Un mural con un hermoso ventanal y un paisaje lluvioso. Se escuchaba el repiqueteo del agua en los cristales y el sonido de las llamas crepitando. En el aire flotaba aroma de café.
 La última “En la playa”. Con el piso cubierto de arena, una tumbona con su toalla, sombrilla e imágenes de mar, y de fondo el susurro de las olas y cierto olor salobre.
Esta vez se obró el milagro. La idea de Francisco tuvo buena aceptación. Susana empezó a trabajar con su padre y él dejó su medio empleo en las quinielas. De 2 a 6 de la tarde el local estaba completo. No sólo entraban extranjeros a probar, también ejecutivos, oficinistas, dependientas y empleados varios que aprovechaban la hora de comer para dar una cabezada, así que empezaron a hacer bonos y fidelizar a la clientela. El boca a boca, además de la publicidad, empezó a funcionar y pronto tuvieron ofertas para instalar “LA SIESTA” en otros locales de la capital y puntos estratégicamente situados en ciudades turísticas. Francisco, viendo que esto tenía futuro, hizo una sociedad con sus hijos. Así tuvieron a tres franquiciados en Madrid, y otros en  Sevilla, Cáceres y Barcelona. Cada local tenía cabinas diferentes, por lo que podías dormir la siesta en varias provincias sin repetir “escenario”.
      El negocio florecía y se le podía sacar mucho dinero, Manolo, el dueño del local, al cumplir su acuerdo de cesión por un año, en vez de prorrogarlo e ir a medias en los beneficios, quiso ser un socio más de la nueva empresa. A punto estuvieron de perder las amistades y cerrar esa primera siesta, aunque finalmente llegaron a un acuerdo con él y pasó a ser propietario del negocio en su local al cien por cien.
Francisco, que entonces tenía que viajar con frecuencia, se trasladó a Salamanca a supervisar la instalación de la última tienda y allí conoció a Beatriz, la joven emprendedora que vio en “la siesta” su futuro. Ella era un poco mayor que su hijo, una mujer menuda en la que ningún rasgo destacaba, aunque era tan dulce hablando y tenía una mirada tan tierna que rápidamente le cautivó.
Como toda su vida se había dedicado a imaginar nuevos retos, inventos o negocios no le quedó tiempo para pensar en mujeres, que no parecían preocuparle en absoluto. Sin embargo, se dio cuenta de que, al parecer, mantenía ese encanto de hombre maduro con buen porte; rostro varonil, sereno, con algunas arrugas que dicen que ha vivido y abundante cabello canoso. Juntos estrenaron cada cabina y disfrutaron de siestas con final feliz, descubriendo así un distinto aliciente para el negocio que empezó a dar vueltas en su cabeza, buscando un nuevo estímulo en qué entretenerse.
Su estancia en la pequeña ciudad se prolongó más de lo esperado y las visitas al piso de Beatriz se hicieron frecuentes; sin embargo, ella se sentía decepcionada pues Francisco no le hacía mucho caso, solo quería hablar de su novedoso proyecto, por lo que dio por zanjado el romance para mantener una relación estrictamente comercial con él.
Marina, que sospechaba que su marido estaba fuera de Madrid por algo más que el trabajo, cuando volvió con ideas renovadas y senderos por recorrer, ella le dijo que iba a pre-jubilarse.
Paco, reconozco esa mirada chispeante y las noches inquietas. Ahora no pararás hasta empezar con otra de tus empresas, y  no estoy dispuesta a seguir viviendo en la zozobra.
Marina, ahora es diferente, tenemos dinero y los chicos están instalados.
Sí, tienes razón. Me siento hastiada; quiero vivir, viajar, disfrutar como no he podido hacer hasta ahora. Empezar una nueva vida.
Ya viajaremos, habrá tiempo cuando esto empiece a funcionar. ¡Va a ser un bombazo...!
Marina, después de arreglar los papeles del paro, sin ningún otro motivo más que el cansancio de su vida en común, le dejó. Se fue de crucero, para que él pudiera dar rienda suelta a sus últimos proyectos, y coincidió en el viaje con un señor que le resultaba conocido, con el que se cruzaba con frecuencia cuando iba al local de siestas.
       


Graziela

Antes de empezar un nuevo año es buen momento para echar la vista atrás y darnos cuenta de lo que nos ha deparado el que termina. Aunque no todos tenemos la misma lectura de la realidad, pues un hecho o situación es interpretado, vivido de distinta manera según "los filtros" de cada uno (patrones mentales, personalidad, experiencia, mentalidad...), suceden cosas que nos marcan, nos alegran, nos motivan y seguro que quedan impresas en nuestra memoria, al menos durante un tiempo. 
Para mí ha sido un año cargado de alegrías, que muchas veces han llegado hilvanadas a la risa de los bebés, sus gracias, los primeros pasos, ese lenguaje ininteligible que se interpreta según el tono; con los más pequeños de la familia que crecen demasiado rápido. Y los otros, que ya van siendo mayores y con los que se pueden compartir juegos y diversión, conversar y no dejan de sorprenderme. Año de comienzos, al querer aprender, saber más: otras técnicas, otras terapias y ponerlas en prácticas, aunque el tiempo es limitado y siempre parece insuficiente, es cuestión de administrárselo según prioridades. De la satisfacción que proporciona hacer cosas que te gustas, como trabajar en el jardín y ver los colores que lo ilumina, como regalos inesperados que siempre agradezco. Sentir la seguridad y el cariño que me proporciona el estar rodeada por personas a las que quieres y que te quieren. Y además, poder ayudar a otras que no conoces de nada y sin embargo sabes que aprecian tu dedicación, el tiempo que compartes con ellas, que necesitan, y es importante.
La ternura y el amor, para el que siempre hay espacio en mi vida; acurrucada junto a mi señor, o cogiéndonos la mano; columpiándome con Mochu, echando carreras;  o simplemente acariciando una gata, que ni siquiera es mía.
Como olvidar el apoyo de mis hermanas; las charlas de las amigas, las confidencias ante un café o los largos paseos; las amigas que siguen estando ahí, dispuestas a compartir un buen rato, o largas horas de teléfono, para ponernos al día; y los breves mensajes de las que ahora tienen otro camino y con las que "te cruzas" menos que antes, aunque las eches un poco de menos. Y los amigos, esos con los que además compartes aficiones y tertulias.
Un año en el que tampoco han faltado malos momentos, que también forman parte de la existencia, y afortunadamente no han sido tan impactantes como para tener que rememorarlos por escrito, aunque dejen poso y hagan que las cosas no vuelvan a ser como antes.  
Y después de haber vivido un año más, con todo lo que conlleva, y sentirme bien, con energía, la mayor parte del mismo ¿que podría pedirle al que ahora empieza..?  Podría resumirlo en una sola palabra: gratitud.

Os deseos que gocéis de buena salud. Que mantengáis siempre la ilusión y se renueve al ver cumplido cada anhelo. Que encontréis algo positivo, incluso en los días más obscuros. Dejar que os nazca la felicidad. Dar cariño y recibirlo. Tener proyectos y darles la energía y la atención suficiente para que lleguen a buen fin. Afrontar los cambios con alegría, desdeñando el miedo. Conseguir la serenidad que proporciona la paz interior, el estar a gusto en vuestra piel y no solo cuidaros, sino mimarte. Poner más color en vuestro día a día. 
En definitiva, implicaros en la vida y disfrutarla. 
FELIZ 2016

Námaste. 
  


Graziela

FELIZ NAVIDAD.
Atardecer en El Escoarial

En apenas tres días será nochebuena, sin embargo no me parece que ya estemos en Navidad. No hace frío y luce el sol, además, ni siquiera he olido el aroma de las castañas flotando en el aire.
Este año, a Papá Nöel le sobrará el gorro; los renos pueden morir de sed y no se si lograran recorrer la ciudad sin asfixiarse debido a la contaminación atmosférica.  De cualquier modo como el 25 de diciembre está próximo quiero desearos unas FELICES FIESTAS.
Me gustaría que dejáramos de centrarnos en las comparas, el mazapán, turrones, roscón o mantecados (de los que luego nos acordamos durante meses y no para bien); preferiría que utilizáramos los colores brillantes y las luces de los escaparates, las calles y nuestras casas para iluminarnos por dentro, sentirnos con más energía e intentar trasmitir alegría a los demás. No solo a los que tenemos más cerca, como familiares y amigos, sino a los que también están próximos a nosotros, aunque no los conozcamos, con los que nos cruzamos por la calle, en el autobús, en el mercado... y puestos a regalar, no se me ocurre nada mejor que obsequiar sonrisas. Son gratis, están al alcance de cualquiera, son capaces de alegrar un mal día, mejoran el estado de ánimo y elevan la autoestima, además tienen efecto rebote al actuar como espejo en los demás.  
FELICES PASCUAS Y REGALAR SONRISAS, 
TAMBIÉN EN NAVIDAD.
YO OS MANDO UNA BIEN GRANDE CON BUENOS DESEOS.
Graziela




ANTES Y AHORA.

            Había mucho movimiento alrededor: música de fondo, risas, conversaciones… Adriana, sentada a mi lado, lucía en el anular el brillante, y sus destellos irisados se perdían en los recovecos de la sala color ámbar. Ella, orgullosa, complaciente me miraba con ternura. Mientras, yo, de refilón, sin perder esa media sonrisa que tan bien lucía, observaba a otras mujeres que se fijaban en mí. Fumaba despreocupado y sostenía una copa en la mano. Era joven, y me sentía capaz de conseguir cuanto quisiera.
            El bullicio no me deja escuchar la música; a mí alrededor la gente ríe de forma estridente y las voces chillonas me irritan. Apuro la tercera copa en aquella misma mesa, solo, sin dejar de fumar. La edad y el escaso pelo me han convertido en un espectro, invisible a los ojos de los demás, pese al ruido de mis toses. Entre los vapores del alcohol que enturbian mi mente, pienso que mi vida no ha sido como esperaba. Aunque observo que el color ámbar de la sala es el mismo.


Microrrelato participante, seleccionado y publicado en el
VI Certamen de Microrrelatos Arvikis-Dragonfly 2015