Graziela

 

 


ENTRE NOSOTROS


      Este es un sitio tranquilo, el pueblo es pequeño, la gente se conoce de toda la vida. Raro es que llegue alguien ajeno a nuestra comunidad. 

Una de las últimas a las que han traído ha sido la señora Juana, la viuda de Crescencio, el vaquero,  que en gloria esté. Ella ya tenía una edad y más goteras que la sacristía de la iglesia. Es una anciana agradable, que  pasó lo suyo con el bestia de su marido; le ha costado un poco adaptarse a esta nueva situación. Sus hijos, sobre todo la mayor, la visitan con frecuencia y pasan aquí un ratito hablando con ella, aunque  no les pueda contestar. Muchos envidian su suerte, es agradable ver que los tuyos te quieren y te echan de menos.

Aquí hay pocas novedades, los días transcurren con tranquilidad, nosotros nos hacemos compañía unos a otros, contamos nuestras historias y las visitas siempre son bienvenidas, porque nos sacan de la rutina y el tedio de no tener nada que hacer, ni ningún lugar a donde ir. Resulta raro que nadie te espere.

El otro día fue diferente y nos mantuvo a todos pendientes de los acontecimientos.

¿Qué hacía tanto extraño merodeando por la zona? Con cochazos, motos, era gente muy arreglada, se veía que tenían posibles.  Solo tuvimos que esperar a la noche, cuando el lugar recupero su calma, para darnos cuenta de lo ocurrido. Habían traído a uno nuevo,  un muchacho joven. Esto sucedía pocas veces, afortunadamente para ellos. Debía ser un tanto temerario conduciendo o simplemente tuvo mala suerte, que no quiero yo juzgar a nadie, hace tiempo que me quite el tricornio. 

Se ve que él todavía está tan noqueado con el accidente que no se hace, o no se quiere hacer a la idea de su estado actual. Tampoco entendemos porque le han traído precisamente aquí. El pobre no pinta nada entre tanto viejo.  Luego, escuchando por acá y por haya comentarios,  frases sueltas y lamentos he llegado a sacar mis propias conclusiones que parece que comparten otros compañeros.

Su novia es una chica preciosa, rezuma lozanía. Supongo que pronto dejará de venir por aquí y rehará su vida con cualquier otro muchacho que se le cruce en el camino, ¡es tan joven! No creo que el destino sea tan cruel con ella como para no dejar que su corazón se cure de esta desgracia. Tarde o temprano se olvidará de él. A todos nos ha pasado, es ley de vida.

El tiempo aquí es relativo, y nadie está permanentemente, aunque tengas cosas pendientes, esto es un lugar de tránsito, un paso intermedio, estoy seguro. ¿Hacia dónde? Ni idea. Estoy preparado, creo que me queda muy poco.

Veo que otros salen de sus nichos, ascienden y desaparecen entre las nubes. Noto cómo lentamente abandono mi tumba, algo tira de mí; me alejo, contemplo el cementerio desde arriba, apenas tengo tiempo para despedirme desde la lejanía, y siento una gran calma.