TUNEL DE LAVADO
Mientras conducía
hacia la gasolinera pensé que me vendría bien descansar la mente durante unos minutos,
hay días en los que es especialmente duro escuchar los problemas, obsesiones o
neurosis de mis pacientes. Me gustaba sentirme protegida en el asiento del
conductor, rodeada por el ruido blanco del agua a presión, el jabón, los
cepillos o el aire de secado y las bayetas que hacían su trabajo. Estaba el mismo señor de siempre que indicaba
como colocar las ruedas en la posición adecuada y acercar mi móvil al lector para
efectuar el pago del servicio.
Tuve la sensación de
que la limpieza duraba más de lo habitual. Al ver aparecer la luz verde, metí
primera y abandoné el túnel. Me di
cuenta entonces que no había salido por el lugar habitual. Estaba frente a un
parque, y no veía por ningún sitio el edificio de apartamentos que había en esa
calle, claro que tal vez no era la misma calle. Me resultó muy extraño. Las
flechas indicaban dirección obligatoria, así que me limité a seguir las señales
de tráfico, sintiéndome cada vez más confusa y desorientada. Aquella zona no me sonaba de nada. Conducía
como una autómata. Al ver un sitio quise pararme para mirar en el navegador
donde me encontraba. No pude, el coche siguió andando. No me dejaba maniobrar;
tampoco conseguía separar las manos del volante. Me puse muy nerviosa. Notaba
el corazón latiéndome muy rápido y las pulsaciones en el cuello y las sienes,
respiraba agitadamente y estaba empapada en sudor. Era todo muy extraño y
desconcertante.
El coche funcionaba
solo, como si fuera en piloto automático; yo no podía cambiar de dirección o
elegir mi propia ruta. Aquello era una paranoia. Pensé que como estaba agotada
lo mismo me había dormido en el túnel de lavado y todo era un mal sueño del que
no conseguía despertarme. A veces pasa, te das cuenta de que estás inmersa en
una pesadilla y eres incapaz de salir de ella. Es solo un mal sueño, me repetía
como un mantra: tranquila Esther, esto es solo un mal sueño, pronto despertarás
y habrá acabado. Pero aquello no terminaba. Circulaba por calles solitarias que
parecían de una ciudad fantasma. Tenía miedo, aunque no sabía de qué.
Inesperadamente el
volante giró a la izquierda y para mi sorpresa aparecimos en mi calle. Un poco
más adelante, a la derecha estaba la entrada del garaje de mi casa. Noté que
volvía a ser dueña de los mandos. Frené para entrar despacio en la rampa, hice
las mismas maniobras de siempre para aparcar en mí plaza, al lado del coche de
mi marido. Aún estaba bastante alterada. Apagué el motor. Apresuradamente me
quité el cinturón, cogí mi bolso y abrí la puerta. Quería alejarme, llegar a
casa. Al cerrar el coche me llamó la atención ver que los cristales y la
carrocería estaban igual de sucios que esa mañana. Me quedé perpleja/anonadada/impactada.
Corrí hasta el
ascensor. Me temblaban las manos y no atinaba bien a meter la llave en la
cerradura. Al entrar, mi hijo vino corriendo a recibirme y le abracé como si no
le hubiera visto en semanas. Miguel debió notar mi azoramiento: ¿Esther, estás
bien? ¡Qué pronto has llegado, acabamos de volver del partido! Mami, he metido
un gol –dijo entusiasmado Darío-. Le felicité y nos abrazamos de nuevo.
-
Cariño, si quieres, date un baño mientras preparo la cena y
luego me cuentas.
Mientras se llenaba la
bañera cogí mi cuaderno y empecé a escribir lo ocurrido, es una deformación
profesional, suelo anotar lo que me preocupa, los problemas que surgen o lo que
de alguna manera me altera, como hago en la consulta con mis pacientes.
Aquello resultaba
totalmente absurdo, una alucinación.
No puedo precisar el
tiempo que pasé en la bañera. Sé que Darío entró a darme un beso de buenas
noches y cuando se acostó, Miguel vino a ver cómo me encontraba. Yo me sentía
mucho más tranquila, aunque todavía notaba esa sensación de que ha pasado algo,
como un runrún en el pecho, no supe qué contarle porque no recordaba lo
ocurrido.
Eso sí, le pedí que al
día siguiente me cambiara el coche y dejara el mío en el taller al lado de su
oficina para que lo revisaran y limpiaran a fondo. Creo que algo no va bien en
el motor.